EDITORIAL

Para ponerle fin a la corrupción e impunidad es ineludible dar un ejemplo y someter por ante la justicia a los responsables de gestionar los contratos con la constructora brasileña Odebrecht a cambio de sobornos.

Eso, es un asunto que no debe estar en discusión. Pero tal parece que dar un golpe a los corruptos de este país, no será nada fácil, debido a que los que han ido al Estado a servirse y no a servir, así como quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia, en la mayoría de los casos, son caimanes del mismo charco.

Lo que pregona el movimiento Marcha Verde no debería ser considerado como un ataque  contra el actual gobierno, sino como un manifiesto a favor del pueblo. Nadie debería estar en contra de que se ponga fin a la impunidad.

Pero como vivimos en un país donde todo se politiza, no faltan quienes quieren pescar el Mar revuelto, algunos son opositores y otros son afines al partido de gobierno. Cada uno juega su papel y proclama su verdad.

Cuando se habla de enfrentar la corrupción, todos levantan la mano, pero a la hora de actuar nos quedamos en allante y movimiento, a final de cuanta nadie cogió soborno. Todos son inocentes.

Nuestro país necesita hombres y mujeres que se identifiquen con las mejores causas, gente que les duela el país. Los verdes pueden ser “el cuco” para que algunos políticos lo piensen dos veces a la hora de meter la mano.

Sin embargo no se debe confundir una cosa con la otra. Si es verdad que los verdes quieren justicia y un país libre de corruptela, deben tener cuidado a la hora de mezclarse con gente que no tiene calidad moral para pedir fin de la impunidad.

Ya es sabido por todos que hubo soborno en República Dominicana como en otros países por parte de ODEBRECHT, con la novedad de que los dominicanos queríamos ver a gente presa, pero ahora resulta que ninguno de los implicados es culpable, poniéndose de manifiesto la vieja frese de que no es lo mismo llamar al Diablo que verlo llegar.