EDITORIAL

Hace un tiempo manifestamos nuestro disgusto por el derrotero por el que se enrumba nuestro sistema de salud, el cual pese a las inversiones que se hacen no logra aliviar enfermedad alguna, mucho menos el bolsillo de los dominicanos.

Esto perjudica aún más a la clase media y pobres, que se ven obligados a pagar diferencias por consultas y estudios bastantes caros, sin importar que tengan un buen seguro médico.

La salud preventiva en este país está lejos de aplicarse. Debemos entender que para ello, se hace necesaria no solo voluntad de un gobierno, sino que hay que contar con la buena intensión de médicos y los empresarios, gente que en su mayoría ve la salud como un negocio.

Recientemente la periodista experta en tema de salud, Doris Pantaleón, puso al desnudo la triste realidad de nuestra seguridad social, la que hasta ahora no ha dado los resultados positivos que se proclamaron, luego de aprobada la ley 87-01.

Estudios demuestran que prevenir sale mucho más efectivo y genera mayor costo-beneficio que curar, pero hay gente en este país que no cree en eso.

Desde el surgimiento del Sistema de Seguridad Social, hace 16 años, existe el planteamiento del Primer Nivel de Atención, como la puerta de entrada a la atención de salud, pero nada se ha logrado al respecto.

Las sugerencias del chequeo médico rutinario retumban con frecuencia en los oídos de la población, despertando el interés de por lo menos las personas con mayor nivel de conciencia y educación, pero los costos, les restriegan en la cara otra realidad.

En el sector público, las facilidades de atención dirigidas a la salud preventiva aún son muy limitados y en los centros privados cada médico tiene su tarifa como co-pago, lo cual ronda desde los mil pesos hasta los 3 mil, sin importar que el paciente tenga seguro.

Los Planes Ejecutivos  Preventivos de Salud solo tienen acceso los ricos, mientras que los de clase media baja tienen que arréglensela para sobrevivir en un país donde importa más el dinero que la salud de la gente.