Reglamentar el transporte

EDITORIAL

El transporte público, el llamado concho, tiene que ser estructurado en beneficio de los pasajeros, pero no para entregar carros y autobuses sin ningún control a empresarios  ni a chóferes mal educados.

No se puede buscar una solución a la crisis del transporte con la inmediata sustitución de unidades, sino con el re-ordenamiento de rutas, educando a los usuarios, control del precio y respeto a las leyes de tránsito.

Si se llega a caer otra vez en el error de regalar gua-guas y carros dizque para sustituir a las chatarras, se le estará dando una cara atroz al problema. No se va a solucionar, seguirán las intrincadas  rutas que ahogan a  los pasajeros, y los chóferes tendrán unidades nuevas, con el agravante de que las viejas nunca desaparecen.

La gran capital es un laberinto de rutas. Para usted poder ir de un punto a otro tiene que tomar por lo menos tres carros, al precio que le dé la gana de fijar al chófer. Es necesario ir pensando en sacar el concho de carros de la ciudad, si se quiere eliminar el caos.

Los organismos oficiales y los empresarios del transporte, lo prioritario que tienen es la unificación de rutas, que se fije un precio único para rutas largas y cortas, que no haya tantas bifurcaciones  ni nuevos sindicatos de chóferes, pera que al hombre  y la mujer de a pie no se le ponga la cosa tan difícil.

Los chóferes de carros deben respetar las señales de tránsito, y hay que llegar a un acuerdo con los sindicalistas, para que las rutas se hagan de principio a fin por un precio único y que por determinadas avenidas o calles, solo transiten autobuses y se prohíba el servicio de carros públicos.

El usuario del transporte merece respeto y consideración y no que se le trate como piezas empaquetadas, uno encima de otro y en los carros ni hablar, cuatro en la parte trasera  y tres delante, incluyendo al chófer, eso solo se vez en este país.

Los chóferes de gua-guas y carros públicos tienen que utilizar las paradas y los usuarios, deben educarse y entender que en ninguna parte del mundo, un vehículo público deja o  aborda al pasajero en la puerta de su casa, pero mucho menos en medio de las calles, como suele pasar en este país.

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