Partidos sin democracia

EDITORIAL

El peor daño que se le hace a la democracia nacional, es cuando los dirigentes  políticos reparten los cargos de sus partidos, sin ir a una votación interna totalmente democrática.

Los acuerdos de aposentos siguen castrando a la actividad partidista local, y ello evita que se pueda desarrollar.

La unidad de un partido político tiene que ocurrir en base a que se respete el derecho de las bases al votar  en forma libre y democrática. La única forma de ser democrático en una organización es aceptar el derecho de la mayoría.

Pero el concepto de alternabilidad no puede ser que dos personas designen quienes son candidatos. No, esa es parte de una línea política que debió terminar con los tres caudillos dominicanos del siglo 20, los cuales imponían su poder total.

Democracia es que todo el que lo desee pueda  aspirar, y que sea la votación libre y si es posible secreta la que determine a ganadores y perdedores. Si en los partidos no hay confianza en las decisiones de sus bases y se les humilla, entonces no se pueden plantear cambios en la estructura política nacional.

Hoy por hoy, ninguna ley está por encima de los líderes políticos nacionales. Ellos hacen lo que les viene  en gana.

Una ley de partidos no tendrá fuerzas contra ese vendaval que se mueve a su libre albedrío. Nadie puede detener ese mar embravecido.

Es que las bases exigen su representatividad, y cuando no se las dan, viene el caos, el fraccionamiento y la auto-destrucción, que sigue socavando a los partidos y a nuestro sistema democrático nacional.

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