Editorial

Al conmemorarse este miércoles 16 de Agosto el 154 aniversario del Grito de Capotillo, es propicia la ocasión para reproducir a modo de editorial el artículo publicado el pasado domingo por el profesor Andrés Fortunato en el Periódico El Nacional titulado “ De la Restauración a la Guerra de Abril”.

Este miércoles 16 de Agosto se cumple el 154 aniversario del Grito de Capotillo, con el que se dio inicio a la guerra de Restauración de la República, tras la anexión a España.

Es propicia la ocasión para recordar que ha sido una constante, tanto en la guerra de Restauración, de la Independencia, en la revolución de Abril de 1965, la conducta y práctica de sus líderes, que en el devenir histórico se mantienen atados a los viejos hábitos caudillistas del pasado.

Hoy como ayer, la actividad política, con su juego de intereses, sigue siendo la escalera más fácil para acesar al poder, para de esta manera satisfacer las ambiciones personales valiéndose de alianzas y pactos que garanticen gratificaciones individuales y personales.

Desde 1844 hasta la fecha, el liderazgo político y nacional sin importar que sean liberales o conservadores, buscan ascender al poder para llenarse sus bolsillos, las arcas y cuentas de los grupos clientelares e incondicionales que le sirven y a los que sirven sin mayores escrúpulos que no sea el servirse del tesoro público.

Los partidos políticos y sus liderazgos han hecho de la corrupción un voraz incendio inextinguible a través de los recursos del Estado y en eso no ha habido distinción ya que todos han actuado con el mismo modus operandi.

Es de reconocer, que luego de la Revolución de Abril de 1965 los partidos que han dominado el escenario político nacional han contribuido de una u otra manera a mantener la estabilidad política, pero no han abandonado la práctica caudillista y, mucho menos, su tendencia creciente a atesorar fortuna de dudosa procedencia, para mantener un clientelismo, que una vez, en el poder, le sirven de base, para fomentar un contubernio, que luego se traduce en impunidad y corrupción permanente y casi generalizada, porque muy pocos políticos no caen en esa malsana práctica.

Nos unimos a la exhortación hecha por el profesor Andrés Fortunato en la conclusión de su artículo, donde exhorta a todo el pueblo dominicano, a que este 16 de Agosto, desde muy temprano, coloquen la bandera nacional en el frente de sus casas, y que canten junto a sus hijos, las notas gloriosas de nuestro Himno Nacional, para que, desde el mismo seno familiar, crezca el orgullo por hacer de nuestra República, la Patria que soñaron los héroes de la Restauración.

Loor a sus memorias y las memorias de todos aquellos que su sangra abonaron el suelo para que hoy seamos un país libre, soberano e independiente.

¡Gloria, honra y honor para Duarte, Luperón, Sánchez, Mella, Caamaño y todos los mártires y Héroes de la Patria!