El XII Congreso Dominicano de Historia “El Caribe en el siglo XVII. Economía, política y sociedad” se llevó a cabo en el recinto de la PUCMM del 15 al 17 de noviembre de 2017.

El Dr. Esteban Mira Ceballos presentó el tema “Libertad y libertinaje en Santo Domingo en el siglo XVII”, llamado el “siglo de la miseria”, donde se destacan las “despoblaciones de Osorio, la invasión de Penn y Venables y el nacimiento de la República de Haití previa ocupación de ese territorio de parte de aventureros franceses y de otras nacionalidades”. Si el siglo XVII fue el “siglo de la miseria” el siglo XX debiera ser el “siglo de la prosperidad” en la República Dominicana.

Para demostrar tal cosa recurriré al Pragmatismo como categoría de investigación para la interpretación de acontecimientos históricos que pudieran revelar contradicciones; o el Común Denominador como herramienta de investigación para la interpretación sectorial de la historia.

Ambas aplicaciones enriquecen la metodología de investigación y el análisis objetivo de nuestra historia para evitar que se convierta en “conversatorio de loros”, contrario aquellos enfoques historiográficos virtuales y el uso del “Azar o Cisne Negro” como categoría histórica que al igual que la Torre de Babel tratan de alcanzar el cielo confundiendo  las cosas en vez de poner cada cosa en su lugar.

La finalidad del Común Denominador como herramienta de investigación es comparar las ejecutorias de los distintos gobiernos que hemos  tenido desde 1844 hasta la fecha.

A esto se le llama interpretación sectorial de la historia utilizando uno o varios denominadores de acuerdo al interregno sujeto de investigación. En base a esto hemos elegido el siglo XX, no tanto para aplicar el Común Denominador sino más bien el Pragmatismo como categoría de investigación para demostrar la prosperidad lograda en el siglo XX.

Al final dejo las puertas abiertas para aplicar el Común Denominador en el interregno 1930-2000 en interés de comparar las ejecutorias de distintos gobiernos según el tipo de Común Denominador a utilizar.

Antes de continuar hay que recordar que el 27 de febrero de 1844 el país logra su independencia política y nace la República Dominicana como país libre luego de una ocupación haitiana que duró 22 años.

De este lamentable episodio deducimos que la ocupación haitiana en el siglo XIX fue un desprendimiento, desplazamiento o remanente de la “libertad y libertinaje del siglo XVII” que finalizó con la  independencia política lograda en 1844.

Años después, en el siglo XX, el Estado de la Era de Trujillo (1930-1961) consolidó esa independencia política al igual que la independencia financiera y económica. Para asimilar esta indiscutible realidad histórica hay que descartar un común denominador llamado “Quehacer político” que obnubila la mente de aquellos historiadores que convierten nuestra historia en “conversatorio de loros” o la colocan en un callejón sin salida.

Vista la advertencia procuraremos completar lo que hace falta para denominar el siglo XX “siglo de la prosperidad” en la República Dominicana. Para comenzar con el Pragmatismo traeré un dato por muchos olvidado.

Cuando se conoció la libertad en la República Dominicana a raíz de la muerte de Trujillo en 1961 el romanticismo político de entonces gritaba a pulmón lleno no confundir la libertad con el libertinaje.

Los políticos de la nueva ola no se referían a la libertad y el libertinaje en la Era de Trujillo, reconocida como “dictadura” por todo el mundo.

Más bien trataban de enviar un mensaje a las rabiosas turbas que arremetían contra vidas y propiedades de connotados representantes del lado oscuro del trujillato. Eso de no confundir la libertad con el libertinaje fue el primer conato de “romántica demagogia” con la finalidad de detener el vandalismo que arropaba la ciudad de Santo Domingo y otras zonas del país.

Por tanto no hay diferencia alguna entre “libertad y libertinaje” en el siglo XVII (incluyendo la ocupación haitiana en Santo Domingo en el siglo XIX como remanente) y “libertad y libertinaje” en el siglo XX escenificada por el vandalismo que arropó la ciudad de Santo Domingo y otras localidades del país en 1961 al final de la Era de Trujillo.

Decimos esto con toda propiedad pues tampoco hay diferencia alguna entre la corrupción de la Era de Trujillo y la corrupción en la democracia post Trujillo. La paradoja histórica es la “libertad y libertinaje” en el siglo XVII, llamado “siglo de la miseria”, y la “libertad y libertinaje” en el siglo XX y/o “siglo de la prosperidad”, como veremos más adelante.

La primera comunión del “siglo de la prosperidad” comenzó en 1961 con la celebración de “Navidad con libertad” tras la salida del país de la familia Trujillo.

En su profundo sueño, sin ganas de despertar en Año Nuevo, la nueva democracia no estaba al tanto del gran regalo que recibiría el Día de Reyes: amanecer con el gobierno más rico de América al ser el Estado el dueño de la maquinaria productora del país. O sea todo lo contrario a lo que recibió la libertad lograda en 1844 después de 22 años de ocupación haitiana.

La herencia que el Estado la Era de Trujillo dejó al país fue una voluminosa riqueza material concentrada en numerosas empresas de bienes y servicios y grandes obras de infraestructura (Ref. “Memorias de la Era de Trujillo. 1916-1961”. Ramón Emilio Saviñón).

Sin temor a equivocarme la República Dominicana dependió durante muchos años del “Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo” hasta llegar a su degradación al final del siglo XX consecuencia de la involución del romanticismo político que en 1961 gritaba a pulmón lleno no confundir la libertad con el libertinaje.

Con los años, mientras desaparecía la riqueza pública, surgía un nuevo actor de riqueza material en la República Dominicana: el sector privado y/o sectores productivos de valor agregado.

Vemos pues dos tipos de “libertad y libertinaje” en la República Dominicana en el siglo XX: 1 – El tsunami o vandalismo de 1961 que arremetía contra vidas y propiedades de connotados representantes del lado oscuro del trujillato, y 2 – La involución del nuevo romanticismo político que sin presencia de turbas en las calles devastó el Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo a través de los años.

El siglo XX se convirtió en el “siglo de la prosperidad” gracias al Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo y la nueva riqueza material creada por los sectores productivos de valor agregado, incluyendo aquellas obras de infraestructura construidas por Trujillo y los gobiernos que le sucedieron hasta final de siglo.

Esto explica los niveles de crecimiento económico de la República Dominicana partiendo primera mitad del siglo XX. He aquí la diferencia entre el siglo XVII y/o “siglo de la miseria” y el siglo XX y/o “siglo de la prosperidad” que tuvo su bautizo con la Era de Trujillo.

El conteo se inicia con la reconstrucción de la ciudad de Santo Domingo a raíz del ciclón San Zenón en 1930 estando ya Trujillo en el poder y termina con la riqueza creada por el sector privado junto con las obras de infraestructura construidas por los gobiernos de la segunda mitad del siglo XX..

Demostrada la paradoja histórica de “libertad y libertinaje” en el siglo XVII y XX que revela el “crossover” de la miseria a la prosperidad llegamos a la conclusión de que los dos tipos de “libertad y libertinaje” en el siglo XX (turbas e involución política) convirtieron el manejo de la democracia en una contradicción.

Decimos esto porque la “contradicción de la democracia” es el factor determinante que atenta contra la independencia política, financiera y económica lograda por el Estado de la Era de Trujillo. Quiere decir que la democracia resultó ser todo lo contrario al logro del “Estado de la Era de Trujillo” si descartamos el común denominador llamado “Quehacer político”.

Con mayor razón si añadimos que esa democracia devastó el gobierno más rico de América al ser el Estado el dueño de la maquinaria productora del país en 1961 hasta llegar a su degradación al final del siglo XX.

La libertad y el libertinaje que convirtió el manejo de la democracia en una contradicción, donde la “contradicción de la democracia” resultó ser el factor determinante, no significa que la democracia sea un acontecimiento histórico contradictorio según el Pragmatismo.

El acontecimiento histórico contradictorio fue la “libertad y libertinaje” resultante de las turbas y la involución política de ese acontecimiento histórico contradictorio que convirtió la democracia en una contradicción en el siglo XX.

Esa contradicción es la que hay que corregir con el paso de los años para el logro definitivo de la independencia política, financiera y económica de la República Dominicana, tal y como sucedió en la Era de Trujillo.

Antes habíamos dicho que mientras desaparecía el Patrimonio Empresarial del Estado de la Era de Trujillo surgía el sector privado como el nuevo actor de riqueza material que junto con la ciudadanía dan forma al Presupuesto General del Estado vía impuestos directos e indirectos que se desprenden de esa riqueza.

Estaríamos ante una nueva contradicción del manejo de la democracia si a ese presupuesto le sucede lo mismo que al patrimonio de la Era de Trujillo, es decir la “devastación de la cosa pública” consecuencia de la involución política.

De ser así sería la continuación de “libertad y libertinaje” que arrastra el siglo XX como lado oscuro de la democracia aunque alquile un traje nuevo en los siglos por venir.

En este caso la democracia se convertiría “acontecimiento histórico contradictorio” por el hecho de mantener sin fecha de vencimiento el logro de la independencia política, financiera y económica de la República Dominicana, como fue el caso de la Era de Trujillo, según el Pragmatismo.

Luis Eduardo Díaz Franjul

eduardofranjul@yahoo.com