Las primarias: para que sirven?

EDITORIAL

El establecimiento de las primarias abiertas, es un desacierto. Los problemas internos de los partidos, sobre todo la búsqueda de sus candidatos presidenciales, es un asunto interno que no tiene que involucrar a toda la comunidad con derecho a voto.

Los partidos tienen que elegir de acuerdo a sus estatutos a sus candidatos, y luego, en las elecciones, someterlos a la consideración del pueblo.

Se comete una barbaridad echando sobre los hombros del pueblo votar en unas elecciones meramente partidistas.

Lo que va a florecer es la compra del voto. Los militantes de un partido determinado dejaran de tener importancia, y se tratará de involucrar a la mayor cantidad de extraños.

Vamos camino de que los partidos dejen de tener importancia, y se pase a la compra de votos.

Se hace en las elecciones generales, pero ahora para los vendedores de conciencia,  y los compradores de la boleta se abre una nueva zafra, con las  convenciones abiertas.

Los juristas pueden estar divididos en torno a la legalidad de la medida, pero hay que verla desde el ángulo político.

Las primarias abiertas convierten a la actividad política en un mercado de venta y compra de conciencias.

Fuera de las apetencias de los políticos hay un país en crisis. Deserción escolar masiva, pocos centros de formación técnica; hospitales,  a pesar de las inauguraciones, siguen siendo antesalas del infierno, y el alto costo de la vida impide que un dominicano con trabajo de salario mínimo tengan su comida segura.

En la agenda de la casi totalidad de los políticos nacionales el tema de los bajos niveles de vida de la población no existe.

Se mira al ciudadano de a pie por encima de los hombros, se piensa en las riquezas acumuladas, y se tapan las narices al pasar junto a un pobre.

El país reclama y necesita que se deje a un lado la forma atropellante de hacer política, y de nunca pensar en las necesidades básicas de la población.

Es un trillo que cada día se hace más difícil, porque el embudo social es más riquezas para los que tienen dinero, y la muerte y el abandono para los que tienen los bolsillos vacíos.

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