Por Cándida Figuereo

En el transcurso de mi existencia he aprendido la importancia de no hacer daño a nadie de manera expresa, absolutamente a nadie, para favorecerme de tal o cual cosa en desmedro de otros. No, no, no.

La vida es muy efímera y se debe aprovechar en buena lid, en el curso de la existencia bienhechora que se traduce en oportunidades diversas que se presentan en distintos escenarios.

No hay razón para codiciar lo ajeno, sino que con esfuerzo propio se puede llegar hasta el cielo si fuere preciso en pro de los objetivos de cada quien en particular.

Lo importante es lo que a cada quien le guste de todos los renglones donde siempre hay coyunturas, en escenarios sanos donde prime el respeto y el don de gentes.

Hasta en el propio hogar el clima debe ser armonioso, grato. Con la mala voluntad todo se estropea, pero lo aconsejable es que esta última se eche al zafacón.

No hay nada más grato que la buena voluntad, estar seguro de sí mismo, no codiciar lo ajeno, ni hacer lo que a usted le resultaría repugnante.

La vida es muy efímera y, quizás, precisamente por eso da la impresión de que abundan quienes se quieren llevar el mundo por delante sin importar a quien destrocen.

Es precisamente ese tiempo fugaz lo que nos indica la importancia de la moderación, de querernos más, de ser felices por encima de todas las cosas y amar al próximo como a uno mismo.