La ley de las tendencias

EDITORIAL

El parlamento dominicano lo manejan a su antojo cinco o seis hombres. Son los cabezas de tendencias de partidos políticos, que tienen en sus manos mover las vigas que tienen peso en el Congreso. Nada se aprueba o rechaza sin la voz de manda de los jefes esas organizaciones.

Hay proyectos de leyes y resoluciones que no tienen la mayor importancia y se deja a los congresistas a la libre, pero cuando se trata de puntos de importancia nacional, sólo están para levantar las manos.

Es un formalismo cuando diputados y senadores conforman comisiones para discutir proyectos de importancia, porque la última palabra vendrá de sus jefes políticos. No hay conciencia del trabajo que toque a los legisladores, y más bien se mueven como una conquista personal y conformar fuerza tendencial para sus grupos.

Como decíamos todo lo que se haga en el Congreso es manejado por el presidente Danilo Medina  y Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana; Luis Abinader e Hipólito Mejía, del Partido Revolucionario Moderno, y Por los Reformistas, Quique Antún, Ito Bisonó y Josecito Hazím.

No hay un parlamento institucional, sino que camina con muletas. Se dan casos tan preocupantes como el de sacar millones de pesos para comprar regalos que alegadamente van a las madres. En el mejor de los casos, despilfarro de millones de pesos para medio día de alegría.

En manos de ese Congreso lastrado, sin ideas propias, siendo eco de los que manejan los hilos sobre los bastidores, es que se encuentra parte del destino nacional. Pueden tomar decisiones por simple mayoría, o por acuerdos grupales, que se aparten del sentir nacional.

Hay que rescatar el Congreso. Con la ley de partidos políticos y las primarias externas o internas se ha podido ver la nulidad de unas cámaras legislativas que actúan como comodines de figuras políticas. Se ha buscado más satisfacer a los líderes de tendencias, que en encontrar una real salida al congelamiento de ese proyecto de ley.

La posición más sensata en ese problema, es que se apruebe que cada partido político pueda realizar el tipo de primarias que le venga en gana.

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