Juventud acorralada

EDITORIAL

La juventud al igual que una gran mayoría de dominicanos, está acorralada en un laberinto de iniquidades.

A veces es una falsía celebrar un día dedicado a la juventud, y antes y después olvidarse de cuál es el derrotero de esa primera generación.

Jugamos a la ruleta rusa, apretando el gatillo de las disconformidades, sin saber hacia dónde irá el porvenir.

Con una juventud castrada, sin presente y sin futuro, no tenemos nada cierto.

Hay un número importante de jóvenes dominicanos matriculados en las universidades, instituciones técnicas y vocacionales, y eso es bueno, pero hay que ver el viacrucis que enfrentan para conseguir un empleo luego de que se gradúan.

Pero la casi  totalidad de esos jóvenes cuando terminan los estudios o la enseñanza práctica se quedan con los brazos cruzados. No hay capacidad para ofrecerles su primer empleo.

No pueden entrar a la competencia para avanzar por el mundo del ascenso en base a la capacidad.

La juventud que nos tiene que preocupar, es la que no va a los premios, la que no asiste a las universidades, y la que a duras penas se ha alfabetizado.

Para esa juventud, reducto de la marginalidad y la afrenta social, solo hay amarguras, y el ascenso personal  es algo prohibido.

Si la juventud mayoritaria, con olor de pobreza y abandono, sigue alejada de los medios de producción y de los estudios, entonces nuestro volcán ya está en erupción.

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