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EDITORIAL-18-05-17

Como bochornoso y reprochable, por demás innecesario, se puede calificar el incidente protagonizado el pasado martes,  por autoridades policiales, varios diputados y miembros del colectivo marcha verde.

Los legisladores acudieron a la sede de la Procuraduría General de la República en defensa de varios activistas sociales apresados tras impedírseles instalar allí un campamento, donde protestarían  contra la corrupción e impunidad.

A los estudiantes y miembros del FALPO, no le fue posible instalar la carpa frente a la Procuraduría y esto degeneró en un enfrentamiento que incluyó  bombazos, patadas, empujones, palos y trompadas.

El violento desenlace, que por suerte no dejó personas fallecidas, quedó registrado en imágenes difundidas por los medios de comunicación y las redes sociales, retratando falta de prudencia y civismo, tanto de los agentes de la Policía como de los legisladores.

La intención de algunos diputados de imponerse a la autoridad policial provocó la reacción natural de los agentes, respondiendo violentamente como se les entrena en situaciones como esa, ellos no saben quien es legislador o estudiantes.

Antes de que la confusión y el autoritarismo se apoderaran del lugar,  mandaba que una autoridad de la Procuraduría recibiera a los congresistas y que éstos no adoptaran una actitud peligrosa al intentar entrar por la fuerza.

En resumen, los que pudo pasar como una vigilia de las tantas que se hacen en este país y que pasan sin pena ni gloria, se convirtió en un incidente mayor, debido a la falta de tacto de las autoridades de la Procuraduría, los agentes policiales y de los congresistas, lo cual pudo degenerar en una desgracia mayor.