Al transcurrir 57 años del inicio de la escuela secundaria en Barahona (Liceo F. H. y Carvajal, 1960) viene a mi memoria la enfática defensa de la letra “p” en “Septiembre” de parte del singular José Lorenzo (a) Josep.

Un año atrás, en el 8vo. De primaria (Academia Franciscana) Josep fue sorprendido por Sor Ángela al encontrarle entre sus piernas un cuaderno de portada azul con la foto de Trujillo, tabla de multiplicar al dorso y en su interior un compendio de posiciones pornográficas.

A estas alturas desconozco el significado de coleóptero, según María José Rincón en “De coleópteros y cleptómanos”, Diario libre, 4/4/17. Pero hoy no voy a hablar de coleópteros y cleptómanos sino de la “p” de Josep en la consonante “pt”, que como bien explica la experta del idioma español se observa en la frase “aceptamos a los adeptos escépticos” que tiene la característica de que se divide entre dos sílabas: anticonceptivo, adaptar, adoptivo”.-

La primera consonante con la “p” (anticoncep, adap, adop), según la experta, “ocupa el final de una sílaba y la segunda (tivo, tar) marca el comienzo de la siguiente”. Dejo eso por el momento y sigo adelante pues lo que ella quiere aclarar, entre otras cosas, es que en español las “sílabas más abundantes son  las abiertas, es decir, aquellas que terminan en vocal; pero también existe, en menor número, sílabas cerradas, aquellas que terminan en consonante”.

– Eso está bien, pero muy bien, como dice Niní Cáffaro. Sin embargo quién le iba a decir a Josep que la “p” en “Septiembre”, viendo las cosas de esta manera, sería tan complicada al ocupar el final de una sílaba precedida de aquella que marca el comienzo de la siguiente, siendo las más abundantes las abiertas, las que terminan en vocal (a.e.i, o, u) entre otras sílabas cerradas que terminan en consonante, como explica la experta. Por el momento lo dejo ahí para seguir con Josep.

En realidad no hay que culpar a Josep por su vasto conocimiento del idioma de Cervantes pues como dicen por ahí “hablaba de oídas”, aunque con mucha razón pues en aquel entonces nadie rebatió la defensa de su “p”, quizás por el septiembre aquel a que nos tenía acostumbrado el almanaque desde que teníamos uso de razón.

Imagine el lector el haber tenido que recurrir a las definiciones de vocal, sílaba y consonante según el diccionario para entender a la perfección el por qué la defensa de la “p” de Josep en aquel septiembre, cosa que la profesora Ercira dejó pasar por alto en respeto a la sabia observación de tan avezado alumno, quien le tapó la boca a “titila mundati” en la primera clase de gramática castellana. Ni siquiera Jorguín Herrera Pérez (Papujito) dijo nada.

Dejando a Josep tranquilo por ahora la mejor explicación de la “p” viene de la propia María José Rincón: “Cuando pronunciamos sílabas erradas, sobre todo en la charla coloquial, siempre tendemos a relajar la pronunciación de la consonante final. Las consonantes oclusivas, como la p, tienden a suavizarse en posición final de sílaba.

Hay dos ejemplos en los que la relajación de la pronunciación de la -p se ha extendido desde los contextos coloquiales y desenfadados a la expresión cuenta: séptimo y septiembre.

En estas dos palabras el relajamiento de la pronunciación de la p llega incluso al extremo de desaparecer completamente (dicho en Román paladino) que nos la comemos con mucha frecuencia”.

Sigue diciendo: “Y hasta tal punto está extendida esta articulación relajada que ha generado dos variantes gráficas de las mismas voces: sétimo y setiembre.

Ambas variantes están admitidas, pero los hablantes cuetos muestran una preferencia muy definida por el mantenimiento del grupo consonántico, es decir, por la forma que mantiene la etimología”.

– Visto el hecho y aclarado el caso imagine el lector a Josep dando estas explicaciones al defender la “p” en septiembre de 1960. Quizás la profesora Ercira pudo haberlo explicado con la misma  propiedad de la experta para luego darnos cuenta con el paso de los años que “sétimo” y “setiembre” (sin la letra p) son “variantes permitidas de la lengua castellana con el mismo significado de la p- intercalada”.

– Quién le iba a decir a Josep que estaba equivocado al defender la  “p” de septiembre, hace ya tantos años? Quizás Leopoldo Fernández (Tres patines) le hubiera respondido así: Cosa más grande la vida, Chico!

La justificación gramatical de la intercalación de la “p” en “De coleópteros y cleptómanos” termina con bombos y platillos como sigue. Cito: “Fuera de estas dos variantes, los demás cultismos conservan intacta la secuencia -pt-.

Así que las capturas, los cleptómanos, los coleópteros, los conceptos, los dípticos y las ditiopías se quedan como están y nos exigen un poco de cuidado a la hora de articularlos”.

Aun así, y en respeto al contexto de la experta del idioma español, me pregunto qué sucedería con el “dispéptico” (perteneciente a la dispepsia), derivado de la “dispepsia” (digestión laboriosa e imperfecta), donde en este caso el uso de la consonante “pt” es un elemento o pie forzado ajeno a sus orígenes y propósitos (Pie forzado: “Verso o cada uno de los consonantes o asonantes fijados de antemano para una composición que ha de acabar necesariamente en dicho verso, o que ha de tener una rima preferida”).

Así como vimos en el trayecto “dispepsia-dispepsia-dispéptico” podrían existir otras palabras que generen variantes gráficas de las mismas voces (como sucede en sétimo y setiembre).

Iba a seguir con “diptongo” (conjunto de dos vocales diferentes que se pronuncian en una sola sílaba) pero lo dejo ahí para no crear incertidumbre en el idioma. Después de toda la vida es tan corta y tan rara que para producir un grano de azúcar se necesita construir un ingenio.

El idioma español (como cualquier otro idioma) es todo lo contrario: necesita la coordinación de palabras para construir una idea en búsqueda de un mundo ideal, como aquella Torre de Babel que se quedó a medio construir al cundir un pánico palabrero que confundió al mundo.

Dicen que ese fue el punto de partida que originó los idiomas que existen en el mundo. Por eso, en cualquier ocasión o ante cualquier realidad o fábula sería sensato decir como Tres patines: Cosa más grande la vida, chico!.

– Y por eso los apodos como “Josep” que los barahoneros no dejaron pasar por alto al final de la jornada en honor a la  “p” del “Septiembre” de José Lorenzo

Luis Eduardo Días Franjul

eduardofranjul@yahoo.com