11º. Domingo del Tiempo Ordinario

MATEO 9, 36 – 10, 8 “La verdad es que tengo que reconocer que he cambiado. Sin darme cuenta, el Señor me ha ido transformando poco a poco. No reacciono ya como antes. Tengo más paciencia y más dominio de mí. Son mejorías que tengo que admitir.”

Me alegró oír a mi amiga F.J. expresarse con esos términos. Acostumbradas como estamos a infravalorarnos y criticarnos casi constantemente, es raro que una persona reconozca sus propios progresos.

Mientras pensaba en esto, F.J. añadió: “Y eso, que, sinceramente no siento que mi fe está más fuerte. Al contrario, muchas veces no siento nada…”

¡Qué interesante! Una persona que tiene la inteligencia de admitir la transformación que ha ido haciendo Dios en ella, afirma al mismo tiempo que en su relación con Dios no hay tanto fervor sentimental como antes.

¿No será éste el caso de muchas personas? Creo que sí. Si usted, por ejemplo, ha mantenido durante algún tiempo una relación de amistad con el Señor, Él, aunque usted no lo sienta, le ha ido transformando poco a poco, porque:

LA AMISTAD CON DIOS ES TRANSFORMANTE.

La razón de que no podemos apreciar esta transformación es, por una parte, la mala costumbre de ver sólo nuestros defectos.

Y por otra parte el error de juzgar nuestra relación con Dios por lo que sentimos y no por la transformación que Dios va obrando en nosotros.

Un cristiano que se exija a si mismo perfección para estar alegre, será. Sin duda alguna, un cristiano triste. La alegría del cristiano es un regalo de Dios, un fruto de nuestra amistad con Él, (Gálatas 5,22) y no una conquista de nuestros méritos.

La buena noticia de hoy (Mateo 9, 36 ss.) es que el Señor sigue transformando, y dando alegría, a los que relacionan con Él.

Y, a esos que beneficia con su amorosa presencia, también nos confía un encargo. Una misión vital. Hoy más que nunca, el Señor desea que usted y yo aceptemos este encargo, esta misión, confiando humildemente en su poder.

Nuestra misión, en medio de las actuales amenazar de divisiones y de violencias, es una VISIÓN DE PAZ Y DE ALEGRÍA.

Los hijos de Dios, hoy más que nunca, echamos fuera los demonios de la crítica, del negativismo y del desaliento.

En cambio, fortalecidos por nuestra relación con Dios, somos portadores de PAZ, ÁNIMO Y ESPERANZA.

LA PREGUNTA DE HOY ¿CUÁL ES NUESTRA MISIÓN?

Tenemos dos misiones: la primera es DEJARNOS TRANSFORMAR POR DIOS, quien, si se o permitimos, nos irá convirtiendo en personas con amor, con paz y con alegría.

Y la segunda es que, por medio nuestro, Dios trasforme NUESTRO ENTORNO. Que lo que están a nuestro alrededor reciban de nuestra parte la Buena Noticia de que “el Reino de Dios ya está llegando”, y que nuestra propia transformación así lo demuestre.

Es así como seremos hijos agradecidos de Dios que damos a los demás, gratuitamente, lo que hemos recibido de Dios gratuitamente” (mateo 9, 36 ss.)

¡Adelante, amigo, confíe en Dios y confíe en usted mismo!