El colapso de los partidos

EDITORIAL

Los partidos políticos caminan hacia el colapso en América  Latina. La prepotencia,  la iniquidad, la falta de soluciones a los problemas comunitarios, lleva al enterramiento del sistema político latinoamericano.

El poder ciega, obnubila, doblega los compromisos y hace sólo mirar de frente. Las anteojeras del sistema político es su principal amenaza para la subsistencia. Los hombres cambian, pero el sistema se mantiene.

En la República Dominicana también los partidos han colapsado. Hoy casi todos son franquicias electorales. La dosis amarga de la división ha llegada a cada una de las siglas, inmersas en una lucha por estar arriba, mientras el pueblo sufre abajo.

Los partidos tropiezan y siguen caminando a trompicones, como si estuvieran borrachos, pero se mantienen porque no hay sustitutos a la vista. Las organizaciones de la llamada sociedad civil están constituidas por los que no han podido entrar a los partidos por la puerta grande, y prefieren reinar en ONGs, antes que buscar su puesto al fragor del combate.

Pasa también que surge la personalidad por encima del partido, cuando se convierten en entelequias y no satisfacen las necesidades de sus miembros ni de la comunidad.

El liderazgo político  parece que no tiene sustitutos ahora mismo, debido a lo frágil del movimiento obrero, la inexistencia de acciones comunitarias, las pocas agallas de la sociedad civil y los estamentos profesionales en busca de simples reivindicaciones.

El discurrir político de una nación no se para por la caída de los partidos. Cuando las organizaciones fracasan surge el culto a la personalidad, el hombre fuerte, el que sintetiza en el puño de su firma la Constitución, las leyes y la represión.

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