EDITORIAL

Estudios indican que la cobertura de agua potable en el país era mejor en 1990 y que en la actualidad, a más de la mitad a la población no le llega este servicio, debido a la falta de supervisión y mala distribución.

La noticia no llama a sorpresa, porque esta es una realidad que se nota y se siente a diario. Ninguna autoridad ha podido dar con la solución al problema, aunque todos se dan bombos anunciando medidas nuevas.

Es un problema tan viejo como el de la electricidad, y que da señales de que quienes dirigen el Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo, prefieren enfrentarlo en los medios de comunicación y no en el terreno donde se vive la cruda realidad.

Se habla de escasez de agua, pero nadie en la CAASD, se ocupa de supervisar en los barrios donde el líquido no llega, para detectar el por qué y brillan por su ausencia las brigadas que en tiempos pasados, monitoreaban para corregir esas anomalías o fugas, que siempre están presente.

Aunque garantizar el servicio de agua potable a cada persona está consignado en la Constitución Dominicana, es el blanco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y pilar de la Estrategia Nacional de Desarrollo, lejos de cumplir esta meta varios estudios evidencian un retroceso.

Organismos nacionales e internacional coinciden en que el acceso al agua potable es el principal indicador de progreso de una nación, y pese a que en los últimos años el tema ha estado en la agenda de gobiernos, al punto de declararse el “Cuatrienio del Agua” (2016-2020), los datos arrojados por encuestas y opiniones de expertos concuerdan en que la calidad y el acceso a este recurso continúa limitado.