A propósito del 2018

EDITORIAL

Hoy el esfuerzo tiene que ser mayor que el de ayer, porque  poco adelantamos el pasado año. Las páginas del almanaque cambiaron, pero los problemas  sociales y de los pobres son los mismos.

Los dominicanos juegan con dar largas a las soluciones, y de ahí que todo se va acumulando y nos quedamos estancados en medio del tiempo.

El desarrollo empresarial sigue a cuenta gotas si lo comparamos con el siglo 21 y su dinámica, el campo  está fuera de la tecnología y aunque el machete y la azada no son los principales instrumentos de trabajo, lejos se está de la producción globalizada.

No hay salto social para la mayoría de irredentos, de aquellos que de cultivadores de la tierra han pasado a ser motoconchistas, pasajeros de yolas para viajes ilegales a Puerto Rico, sicarios del crimen, desempleados, chiriperos y políticos de baja cotización.

La agenda nacional para este 2018 sigue siendo la misma que quedó inconclusa en el 17. No es posible dar un salto en la búsqueda de soluciones milagrosas cuando tantas cosas están por hacer e iniciar.

Se perdió la capacidad de lucha, y los deseos de una mejoría colectiva.

Ayer y hoy la prioridad  es la educación, la salud, el empleo, el desarrollo del campo, un genuino plan de viviendas,  y mejoría de los niveles de vida para los que subsisten.

No se está preparando en la escuela pública a las nuevas generaciones para hacer frente a las grandes demandas que tendrá el país dentro de 20 años.

La vena contestataria está cortada pero la historia ha demostrado que los dominicanos  son indomables y que siempre han luchado por su libertad y bienestar. Solo falta  hacerle despertar de este sueño eterno que ya es una pesadilla.

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