EDITORIAL-13-10-17

Hay indolencia y falta de sensibilidad social entre la gran mayoría de los médicos. En el fondo, con su accionar, demuestran que nada les importa, salvo obtener mejores salarios y buenos horarios de trabajo.

Dice el veterano periodista Manuel Hernández Villeta,  que se comienza a vivir en una sociedad sin futuro, cuando un profesional pierde el sendero  del deber, la responsabilidad  y la solidaridad con los desamparados. Esa es una verdad sin desperdicio.

El médico tiene en sus manos el sacrosanto ejercicio de preservar  vidas. Con su diagnóstico es posible salvar a un paciente, pero también con su dejadez y falta de dedicación le puede ocasionar la muerte.

Cuando el médico es un profesional que únicamente le interesa el pago de la consulta, pierde la coraza de la sensibilidad humana.

Cuando se hace un  paro en un  hospital público se peca de ser un verdugo  de la guillotina. Se le  resta la posibilidad de que  puedan vivir a  millones de dominicanos que no tienen recursos económicos, y que para tratar de atender su salud solo tienen la opción del hospital público.

En una clínica no le atienden si no hace un depósito que en un centro  de barrio puede llegar a los 50 mil pesos. Ningún médico, que peca de anarquista en los hospitales, ha realizado nunca un paro en una clínica privada.

En esos establecimientos se ganan salarios deprimidos, muy por debajo del que se logra en los centros del Estado. Como la mayoría trabaja en centros privados o tiene su consultorio, le importa un carajo que los puedan cancelar.

No negamos el descalabro de nuestros hospitales públicos, algunos de ellos solo bonitos por fuera, ni tampoco vamos a desconocer el derecho de los galenos a exigir mejor salario, pero eso no le da derecho  a paralizar esos centros, sin pensar que los mas importante es la salud de los pobres, de los cuales ni las autoridades se conduelen.